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El estudio Atlas de Oportunidades muestra que los/as menores de la Villa nacidos en familias con menos recursos cobran al ser adultos unos 5000€ menos al año que los de familias acomodadas

Jóvenes en un evento en la Villa

Los jóvenes satauteños que nacieron en el seno de familias con menos recursos ganan unos 5.000 euros anuales menos que aquellos que se criaron en familias con más oportunidades, según datos del proyecto Atlas de Oportunidades, de las Fundaciones Felipe González y Cotec para la Innovación. Estos datos ponen de manifiesto que la renta del hogar en el que trascurre la infancia influye en la renta que se tendrá de adulto.

La base de datos de este proyecto se apoya en la información tributaria de los/as progenitores y de sus descendientes 18 años después. En concreto, usa información de 1,6 millones de niñas y niños nacidos entre 1984 y 1990, a través de la declaración de la renta que hicieron sus progenitores en 1998. Una información que se completa con la renta de las hijas e hijos en 2016, cuando ya han cumplido entre 26 y 32 años.

El objetivo del estudio es saber qué renta han alcanzado las personas nacidas en hogares ricos, de clase media o pobres. Los datos permiten medir el ascensor social en este país. En el estudio se emplean cifras medianas, de manera que en todos los grupos de hogares ha de haber una parte de los hijos e hijas que ganan poco o no tienen ningún ingreso, porque están desempleados o estudiando.

Formalmente iguales al nacer, las diferencias sociales generan distintas oportunidades económicas, de prestigio o poder para los individuos que se transmiten, aún en la sociedad contemporánea, de generación en generación.

Ciertamente la movilidad social ascendente experimentada en esta país en unas pocas décadas ha posibilitado reducir desigualdades, pero está claro que la reproducción de esas diferencias es más compleja de lo que se piensa, y así al capital económico se suma el capital social o cultural del que disponen las familias por estratos.

Sirva de ejemplo apuntar como las familias con más recursos podrán reforzar a sus hijos/as en los estudios con clases de apoyo o transmitirán expectativas más ambiciosas o aspiraciones más elevadas a sus hijos/s respecto de su futura inserción laboral, incentivándoles. En fin, por circunstancias muy diversas, acceder a buenos trabajos es más difícil para las personas nacidas en hogares pobres.

Los datos también revelan diferencias por sexo, de manera que las hijas que se criaron en hogares de cualquier tipo de renta (alta, media o baja) perciben menos ingresos que los hijos de esas mismas familias. La diferencia se observa, pues, para todas las rentas, aunque se reduce hasta casi desaparecer con las hijas de las familias ricas.

Dado que a edades más tempranas son estudiantes o aún no han accedido a su primer empleo, se aprecia también que la desigualdad heredada va apareciendo poco a poco y es mucho más clara a los 32 años.

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